domingo, abril 02, 2006

El libro y la imprenta en España de 1468-1514 y los libros de caballería.


Durante el siglo XV es cuando la cultura occidental alcanza su máximo florecimiento y su capacidad mayor de expansión, es en este siglo cuando alcanza el libro sus máximas posibilidades, la de multiplicase indefinidamente por medios mecánicos y difundirse en núcleos cada vez mas amplios.

En España la imprenta llega después del 1470, y se considera que uno de los primeros libros impresos en España es el Sinodal de Aguilafuente, impreso por Juan Parix de Heidelberg en Segovia el año 1472. El hecho de que fuera Segovia la primera ciudad de la que se tenga constancia que dispuso de imprenta resulta en principio sorprendente, si se tiene en cuenta que el reino de Aragón estaba más próximo y más relacionado con Italia, y su vida cultural era más intensa debido al mayor desarrollo de las ciudades. Sin embargo, hay que considerar que Segovia vivía momentos de esplendor, el rey le había concedido primacía sobre las demás ciudades de su reino y se desplegaban en ella numerosas actividades: era el centro de la vida política y allí fue proclamada reina Isabel la Católica en 1474.

Las primeras obras de la imprenta en España se caracterizaron por los siguientes aspectos:

La letra utilizada, que empezó siendo de tipo romana, evolucionó pronto a la neogótica alemana, con fuerte influencia de la caligrafía de los manuscritos españoles. También se aprecia una evolución hacia el, tanto en la composición como en los ornamentos.
Hubo escuelas de gran prestigio técnico, entre las cuales deben citarse las catalanas.
La interlineación era ancha, y las iniciales blancas sobre fondo negro. Con frecuencia aparecen portas grabadas en madera con motivos heráldicos.
Los temas aparecen muy influidos por la religión. Sin embargo, cada vez son más frecuentes las obras en lenguas vernáculas. Aparecen gran cantidad de bulas, misales, gramáticas y diccionarios latinos. Las obras en poesía y prosa suelen ser gratificantes y amenas.

Los primeros impresores españoles tendieron a instalar sus imprentas en centros de comercio debido entre otras cosas: al capital necesario para establecer las imprentas, el alto costo del papel, la lenta recuperación de la inversión y especialmente, los problemas de distribución. Durante el siglo XVI la tipografía española estuvo rezagada sin seguir la evolución generalizada de otros países. Durante muchos años predominaron los tipos góticos, el papel malo y los grandes formatos por lo que la apariencia del libro siguió siendo, ya muy avanzado el siglo, la del incunable. España fue mercado de libros importados y un lugar donde se establecieron impresores y libreros de fuera, pues siguieron abundando los extranjeros, muchos de ellos representaban intereses familiares y de familias de otros países, sobre todo alemanas. La importación era considerable y se recibían libros jurídicos y textos clásicos principalmente de Italia y Francia. Esto se explica por varias razones: En primer lugar la situación de España y los elevados gastos de envío a los mercados internacionales, donde los españoles no podían competir con la producción local. En segundo lugar, la falta de espíritu comercial de las clases ricas, que no quisieron entrar en el negocio por el sentimiento generalizado de que las personas nobles o superiores no debían intervenir en actividades mecánicas y consecuentemente no le prestaron ayuda económica. Por último, tal vez la razón más importante fuera la pobreza e incultura del mercado interior, con pocos centros docentes, pocas ciudades populosas, carente de recursos económicos y con escasa capacidad para la lectura y afición a ella. Principalmente obras religiosas, novelas y obras históricas publicaron los impresores del gran centro comercial que era Sevilla, entre los que destaca la familia Cromberger, con tres miembros, Jacobo, Juan y Jácome, que rigieron sucesivamente el negocio.

Según Ramón Menéndez Pidal, la literatura española se caracteriza por sus “frutos tardíos”, esto es, por la plena vigencia de géneros, especies y estilos ya desechados en otras naciones de Europa que en la Península perduran más allá de su época propia de florecimiento. Tal ocurre, como es fama, con los relatos de aventuras centrados en la figura ejemplar y heroica del caballero andante, el casi sobrehumano paladín que se lanza en solitario a los caminos para imponer la justicia entre los agraviados, prestar generoso auxilio a los débiles, derrotar con la sola fuerza de su brazo y su virtud a enteros ejércitos o imponentes gigantes, y, cuando el tiempo es propicio, entregarse a encendidos recreos eróticos según las normas, más o menos adaptadas a cada caso, del amor cortés.

Con la llegada de la Modernidad, los grandes cambios del Humanismo y el Renacimiento marcan el ocaso de los viejos ideales medievales, el modelo ético y vital del caballero andante es suplantado por otros paradigmas humanos, y un nuevo y más sofisticado gusto literario proveniente sobre todo de Italia, comienza a tornar caducas aquellas extensas y a menudo caóticas historias. Pero en España la Edad Media no cesa con el arribo de la Modernidad, sino se integra en ésta a modo de eficaz y siempre renacida esencia, y los viejos ideales heroicos se desarrollan en nuevas formas literarias que le aseguran al género caballeresco un siglo más de vida; así, mientras en el resto de Europa la caballería literaria muere con el siglo XV o bien transforma en formas muy cultas como los poemas caballerescos italianos, en España se plasma una vigorosísima nueva especie a lo largo del XVI, la de los llamados libros de caballerías Se trata a un tiempo de la continuidad del modelo caballeresco artúrico medieval y de algo completamente distinto, pues la obra preliminar y capital de la especie española, el Amadís de Gaula, parte de patrones de estilo propios de la novela artúrica francesa pero a su vez suplanta la ideología pesimista y fatalista de ésta por una visión optimista y provincial más propia de la estirpe y la generación que por esos mismos tiempos concluían la reconquista de Granada y se lanzaban a la gran aventura del descubrimiento, la conquista y la colonización de América, muchos de cuyos protagonistas han sido, por lo demás, y tal como atestiguan las crónicas, fervorosos lectores de libros de caballerías y conscientes contrincantes de las hazañas de los caballeros ficticios, en España , la novela caballerescas mas antiguas conocida es cierto, la afrenta existe en abstracto y el caballero va a deshacer sin que nada personal le toque en ella. Es el triunfo del individualismo, con la literatura de caballeros surge una gran demanda por estos ya que la mayoría de la gente les gusta estas obras mas que las que presentan temas religiosos.

Con la creación del quijote es la confirmación de la idea de que el publico volvía las espaldas a los héroes de antaño, para interesarse en las vidas ordinarias sombrías, de unos seres opacos, sin aureolas de nobleza ni de santidad, similares a los que uno encuentra por las calles y mercados, afanosos en salir triunfantes en la hazaña diaria de sobrevivir.

El quijote es sin duda, una parodia de la literatura caballeresca. Menéndez y Pelayo ve la purificación de los libros de caballería en el Quijote considera a éste como el autentico libro español de caballerías, que al tiempo que caracterizaba a los otros, revivía por medio del humor las virtudes del viejo ideal. Llevando a la obra de Cervantes como la obra cumbre de la literatura española y mundial. Por lo que la lectura del Quijote , es el gusto por la aventura, el placer de leer el esplendor. Como siempre ha sido. Como tiene que ser.


Bibliografía


ESCOLAR, Hipólito. (1993). Historia universal del libro. Madrid: pirámide p. 415.

....................................(1993). Historia ilustrada del libro español. Los manuscritos. Madrid: pirámide. P 223.

OSORIO ROMERO, I. (1987). Historia de las bibliotecas novohispanas. México: SEP, Dirección General de Bibliotecas

TORRE VILLAR, E. De la (1999). Breve historia del libro en México. México. UNAM.
EL TERROR LLEGA AL NUEVO MUNDO

La Santa Inquisición en México



Es el año de nuestro señor de 1571, cuando Don Pedro Moya de Contreras llega a la nueva España en calidad de Inquisidor Mayor y junto con el la inquisición española. El cuatro de noviembre todos los habitantes de la ciudad de México de doce años en adelante fueron convocados a la Iglesia Mayor, para oír misa, sermón y prestar Juramento de la Fe bajo pena amenaza de excomunión en caso de no asistir. Ese día y en ese lugar el secretario Pedro de los Ríos leyó las provisiones y mandatos del rey Felipe II, para que el Santo Oficio recibiera "el auxilio y favor del brazo real." Acto seguido, fueron leídos el resto de los documentos que legitimaban el establecimiento de esta institución y se tomó juramento al pueblo todo para que denunciase a los herejes y prestara apoyo incondicional al Santo Oficio.

Se dio un plazo de seis días para que toda persona que se hallara con cargos de herejía hiciera sus confesiones y manifestara contrición y arrepentimiento para salvarse de la cárcel, la pena de muerte o confiscación de bienes. Sin embargo, el Santo Oficio despertó una oleada de pánico. No era necesaria una denuncia formal para que alguien fuera procesado por en Santo Oficio, cualquier rumor o carta anónima era suficiente para que se iniciase el juicio. Los juicios se llevaban al cabo en sitios públicos con lujo de crueldad pero el Tribunal del Santo Oficio nunca anunciaba ni ejecutaba sentencias y entregaba a los reos a la autoridad secular para que actuara en consecuencia.

Pero el principal motivo fue la enorme influencia que podría tener los libros sobre los indígenas y la protección que quería ejercer la iglesia sobre sus mentes, ya que no deseaba que los indígenas tuvieran conocimiento de otras teorías que estaban surgiendo sobre la iglesia, por dar un ejemplo, en la Europa que salía de la edad media sedaban fuertes rompimientos con la iglesia como la de Lutero, sus ideas mas claras y revolucionarias en relación con la fe era considerado de enorme peligro para los españoles ya que motivaba a la rebelión y apenas estaban controlando a los pueblos de la nueva España como para permitir que estas ideas fueran expuestas en el nuevo mundo.

Así que la inquisición jugo en papel muy importante conforme en la prohibición de libros en el Nuevo mundo, creando una lista para evitar y cazar estas subversivas publicaciones.